Compré una casa de playa; mi hijo dijo: “Llegaré con 30 personas”. Entonces yo…

Un sobre.
—Antes de pasar —dije—, quiero que lean esto.

Tomás frunció el ceño.

—¿Qué es?

—Las reglas de la casa.

Abrió el sobre y empezó a leer en voz alta.

Su sonrisa desapareció poco a poco.

—¿“Alquiler diario por habitación”…?
¿“Uso de cocina”…?
¿“Depósito de seguridad”…?

Me miró confundido.

—Papá… ¿esto es una broma?

Negué con la cabeza.

—No.
Si quieren quedarse… funciona como cualquier casa de playa.
Se hizo un silencio incómodo entre los treinta invitados.

La suegra de Tomás habló primero.

—¿Quiere decir que… tenemos que pagar?