Compré una casa de playa; mi hijo dijo: “Llegaré con 30 personas”. Entonces yo…

CUANDO COMPRÉ LA CASA DE PLAYA, MI HIJO DIJO:

—Papá, llego en dos horas con 30 parientes de mi esposa. Prepara la cena y arregla los cuartos. Vamos a pasar un mes ahí.

Lo dijo como si fuera lo más normal del mundo.

Yo solo sonreí.

No porque estuviera contento…
Sino porque mi venganza estaba a punto de comenzar.

Durante años había sido igual.
Mi hijo Tomás trataba mi casa como si fuera un hotel gratuito.

Llegaban, comían, usaban todo… y se iban sin siquiera decir gracias.

Pero esta vez era diferente.
Había comprado una pequeña casa frente al mar, un lugar tranquilo donde pensaba pasar mi jubilación.

Ni siquiera llevaba una semana con las llaves cuando recibí su llamada.