Disculpas que no convencían
Después vinieron las lágrimas, las disculpas, las promesas. Incluso intentaron usar a futuros nietos como moneda de cambio.
Pero algo estaba claro:
no estaban arrepentidos de lo que hicieron, sino de haber sido descubiertos.
El juicio
El juicio fue contundente.
Registros bancarios, análisis de firmas, documentos falsificados, testimonios de inquilinos y peritajes legales desmontaron cada mentira.
El jurado declaró a Diego culpable de robo, fraude y falsificación.
La sentencia fue clara: prisión y restitución económica completa.