Decidí actuar con calma y firmeza:
Denuncié el fraude en el banco.
Inicié una investigación formal.
Contacté a un abogado.
Informé a los inquilinos.
Reuní pruebas de cada irregularidad.
La boda
Sí, fui a la boda.
Me vestí con elegancia, sonreí para las fotos y vi cómo celebraban con dinero que no les pertenecía. Mientras cortaban el pastel, recibí un mensaje de mi abogado:
La investigación avanzaba. La policía ya estaba involucrada.
Seguí sonriendo.
Amenazas y manipulación
Cuando se vieron acorralados, llegaron las amenazas.
—Diremos que tienes demencia —me dijeron—. Te declararemos incapaz. Te meteremos en un asilo.
Ahí entendí que ya no estaba tratando con un hijo confundido, sino con alguien peligroso.
Los eché de mi casa.