Uno de sus nutrientes más destacados es la vitamina C. Aunque suele asociarse esta vitamina con frutas cítricas, la papa también es una fuente relevante. La vitamina C actúa como antioxidante, fortalece el sistema inmunológico, ayuda en la absorción del hierro y contribuye a la reparación de tejidos. Consumida regularmente, puede ayudar al cuerpo a defenderse mejor frente a infecciones y procesos inflamatorios.
Además, la papa es rica en potasio, un mineral esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso y muscular. El potasio juega un papel clave en la regulación de la presión arterial, ayudando a contrarrestar los efectos del sodio. Una dieta rica en potasio se asocia con menor riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
La fibra es otro componente fundamental, especialmente cuando la papa se consume con cáscara. La fibra favorece el tránsito intestinal, previene el estreñimiento y contribuye a la sensación de saciedad, lo que puede ser beneficioso para el control del peso corporal.
Antioxidantes y su papel en la prevención de enfermedades
No todas las papas son iguales. Las variedades de colores, como la papa morada y la papa roja, contienen compuestos antioxidantes llamados antocianinas. Estas sustancias son responsables de su color característico y tienen un potente efecto protector a nivel celular.