Y espero.
Porque hombres como Víctor… tarde o temprano se van.
La actuación: parecer derrotada para que él baje la guardia.
Cuando contraté a mi abogada, Nina Castellanos, ella quiso pelear por la mitad de todo.
Yo le dije:
—“No. Yo quiero que él se quede con todo”.
Nina creyó que yo estaba hundida.
Hasta que puse tres archivadores sobre su escritorio. Tres años de pruebas.
Ahí entendió.
La trampa era simple y perfecta:
Víctor se quedaría con:
la casa,
la empresa,
los coches…
Y también con todas las deudas asociadas, legalmente, por escrito, sin vuelta atrás.
Yo pediría poco: 50.000, mis pertenencias, y custodia compartida.
Migajas… para que él firmara con alegría.