—“Quiero el divorcio. Quiero la casa, los coches, el negocio, todo. Tú te quedas con Tomás.”
Como si nuestro hijo fuera un sobrante.
La humillación pública y el “equipo” contra mí
Al día siguiente apareció su madre, Lorena Medina, con su falsa compasión y su frase favorita:
—“Los hombres tienen necesidades, querida.”
Una semana después, Víctor ya tenía estrategia, abogado caro y ritmo de guerra.
Yo terminé en la habitación de invitados.
Y a las dos semanas apareció Brenda, la nueva novia: joven, perfecta, entrando a mi casa como si fuera suya.
Se puso mi delantal, usó mis platos, se sentó en mi sofá.
Y Víctor la paseaba por la casa como trofeo.
Luego vinieron los golpes prácticos:
Canceló mi tarjeta.
Canceló la conjunta.
Sugirió que yo debía irme “mientras se aclaraban las cosas”.
Lorena empacó mis cosas en bolsas de basura.