Este aumento del sueño está relacionado con el cuerpo que reduce gradualmente sus funciones para conservar energía.
3. Cambios en la respiración
La respiración de una persona que se acerca al final de su vida puede volverse irregular o diferente a lo normal. Puede presentarse como pausas entre respiraciones, respiraciones superficiales o patrones distintos como la respiración de Cheyne-Stokes (ojos de respiración profunda seguidos de pausas).
Estos cambios reflejan alteraciones en el control respiratorio a medida que los órganos vitales empiezan a detenerse lentamente.
4. Cambios en la piel y en la circulación
Cuando el cuerpo disminuye su circulación, es común observar que la piel de las manos, pies y extremidades se vuelve fría al tacto, pálida, grisácea o moteada. Esta señal ocurre porque la sangre fluye cada vez menos hacia las extremidades a medida que el organismo prioriza funciones esenciales.
También se puede notar que las extremidades se sienten más frías que el resto del cuerpo.