límites.
Aprendí a decir que no.
Aprendí a no justificar lo injustificable.
Aprendí que estar sola no es estar vacía.
Aprendí que mi dignidad no es negociable.
¿Qué aprendemos de esta historia?
Elegirte a ti misma no es egoísmo: es supervivencia.
La verdad duele, pero vivir una mentira duele más y por más tiempo.
Quien te traiciona revela quién es, pero tú decides quién te conviertes después.
Y cuando aprendes a poner límites, la paz vuelve, aunque llegue primero como silencio.